Mensajes, premisas, diseños, frases ingeniosas que se reproducen como marabunta por la red y terminan acabando en el stock de alguna tienda de ropa son la nueva herramienta de consumo. Ahora el más escandaloso sobrevive en el mar de miradas con la promesa de más contenido hilarante, tendencioso y llamativo.
Facebook se encargó muy bien de plantar la semilla que impulsó el deseo de adquirir información personal, local, mundial y son los diseñadores quienes son los amos de proveer información rápida, inmediata, llamativa y accesible.
¿Pero cuál es el precio por esta voracidad de información? La simplicidad de lo pasajero, el impacto de lo único, la idolatría de quien mejor sabe llamar la atención.
No es casual pues que estemos todos sumergidos en una gran granja Orwelliana donde todo debe ser simple, rápido, carente de las reglas del medio. Vivimos un siglo de tiempos acotados, no hay razón para tomarse las cosas con calma, la vida y las oportunidades se nos pasan volando y las oportunidades de ser el primero en impactar con una idea, la oportunidad de ser el primero en redistribuir viralmente ese impacto y la oportunidad de ser el primero en comentarla y sostener la antorcha de la novedad en el rebaño del consumo, son las nuevas formas de darse a conocer.
¿Pero esto qué significa? Las personas inmersas en este mundo progresivamente dejaron de generar respuestas emocionales a los estímulos sensoriales, ahora buscan provocarse a si mismas estímulos emocionales, para poder estar al día con las respuestas de sus seguidores, y nadie mejor que el diseño para enviar un mensaje pleno de estímulos.
Pero la comunicación visual no ha perdido foco de su verdadero objetivo, sirviente y subordinado a la necesidad de organizar la vida y el canal comunicativo en la sociedad, y difícilmente lo haga, ya que la comunicación visual es lenguaje hecho imagen, es palabra hecha estímulo, es cotilleo de esquina convertida en tendencia. El diseño llega allá donde llegue el lenguaje humano. Todo lo que pueda ser nombrado, podrá ser diseñado.
Cómo, por qué y con qué finalidad, son las interrogantes que le darán un sentido valedero de búsqueda de explotar con verdadera vocación una herramienta que posiciona a las masas, al grupo y al individuo un paso más allá de su propio lenguaje.
Escrito por; Nacho Vanhardisk
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